En el sosiego de la tarde y la risa de los niños,

furia del cielo, quiebra la calma.

(...) La mañana es una prepotencia de azul, un asombro veloz y numeroso atravesando el cielo.
(...) La noche es el milagro trunco: la culminación de los macilentos faroles y el tiempo en que la objetividad palpable se hace menos insolente y menos maciza.
(...) La tarde alista un fácil declive para nuestra corriente espiritual y es a fuerza de tardes que la ciudad va entrando en nosotros.
Jorge Luis Borges